Era un día viernes hace varios años atrás, cuando una compañera de oficina recibió una pareja de gallitos de la pasión, que le había comprado a otra colega. Como son de tamaño pequeño estaban encerrados en una caja de cartón tipo memphis, cabían perfectamente. Durante ese día estuvieron guardadas en la bóveda del subterráneo, donde nadie los molestaría.
Pasadas las 4 de la tarde, su flamante dueña decidió subir la caja y con sus gallitos y dejarlos al lado de su escritorio. Todo bien hasta que se me ocurrió que quería ver los famosos gallos de la pasión; craso error, al abrir la caja los bicharracos percibieron la luces de los tubos fluorescentes y comenzaron a alterarse. El gallo en su locura salto fuera de la caja y yo no se con que reflejos logré atraparlo de una pata y meterlo de nuevo en la caja. Pero fue en vano, por que los gallitos habían perdido su tranquilidad y comenzaron a cacarear y cantar fuerte y seguido.
Quienes estábamos presenciando el episodio, no sabíamos que hacer. Los pajarracos no se callaban con nada y en todo el piso se escuchaban. Incluso dicen que en segundo piso también oyeron su escándalo. Hay que tener en cuanto que en una oficina, por lo general hay un bajo nivel de ruido y cualquier sonido relativamente fuerte es ampliamente percibido, y en este caso el gallo gritaba lo que se llama fuerte, a pesar de su pequeño tamaño.
No pasó mucho tiempo hasta que llegó primero la Jefe de la Sección, muy molesta y queriendo averiguar quien se las daba de gallo. Después llegó el Jefe del Subdepartamento, también enojado por la bulla y retándonos porque la oficina no era un circo.
En ese momento, decidí la retirada estratégica (de la que hoy me avergüenzo, debo confesar), y me fui a otro piso. Mientras tanto, la dueña de los pájaros permanecía estoicamente en su puesto junto con su caja, llorando de susto y nervio.
Finalmente, llegó la hora de la salida y regresé a mi puesto. Afortunadamente ya se habían ido los famosos gallitos junto a su compradora. Después supe que los Jefes se habían enterado del verdadero origen de los ruidos y se habían reído, así que todo terminó como una anécdota divertida.
viernes, 7 de diciembre de 2007
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